LA JEFATURA Y LA AUTORIDAD
Estoy leyendo en esta semana el libro “Reformando el
Matrimonio”. Este libro tiene un gran fundamento en las escrituras y quiero mencionar uno de sus
capítulos: La jefatura y la autoridad.
Muchas veces, cuando venimos a leer la Escritura, los cristianos
confunden los indicativos con los comparativos. El indicativo es una
declaración de la realidad, quiere decir como son las cosas y el imperativo es
un mandato, nos dice lo que tenemos que hacer. El autor Douglas Wilson menciona
un ejemplo: “el libro esta sobre la mesa” seria una declaración de la realidad,
es un indicativo. Mas si dijera:” ponga el libro sobre la mesa”, sería un
mandato, un imperativo.
Esa misma confusión gramatical sucede cuando los maridos buscan
entender la enseñanza de la Biblia sobre la jefatura y la autoridad en el
matrimonio. La Biblia nos dice que “el marido es cabeza de la mujer, así como
Cristo es cabeza de la iglesia” ( Ef.5:23). Queda claro que el apóstol Pablo no
dice que los maridos deberían hacerse cabeza de sus esposas, él dice que ya lo
son. Pablo nos esta diciendo como es la relación matrimonial entre el marido y
la esposa. El matrimonio se define en parte como la jefatura del marido sobre
la esposa. Si el marido es hombre santo, ejercerá ese dominio y se caracterizará
por el mismo amor sacrificado que demostró nuestro Señor en la cruz.
Cada matrimonio en todas partes del mundo, es una
representación de Cristo y la iglesia, pero por causa del pecado y la rebelión,
muchas de esas representaciones son mentiras calumniosas referente a Cristo.
Pero el marido nunca puede dejar de hablar de Cristo y la iglesia. Si obedece a
Dios, esta predicando la verdad; si no ama a su esposa, está hablando mentiras.
Si abandona a su esposa, está diciendo que de semejante manera Cristo abandona
a su esposa, una mentira.
La biblia no exige la sumisión de las mujeres a los hombres, sino
la de una mujer a su marido. El hombre debe ejercer su autoridad para el bien
de su esposa y no para el bien de si mismo. Debe tomar esa autoridad con un corazón
de siervo, así como lo hizo Cristo.
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